lunes, 1 de abril de 2024

Patria: de las armas de la lógica a la lógica de las armas


De las armas de la lógica a la lógica de las armas. Este es el sentir y el acuerdo central que emana de la tercera edición del coloquio internacional Patria. Con más de 200 participantes internacionales provenientes de 31 países, Patria alcanza su madurez y mayoría de edad. Si en su primera edición hablábamos de iniciar la articulación global de proyectos, experiencias y estrategias que, si bien resultan distintas, no son distantes con el objetivo de hacer frente a los modelos de comunicación unánime y dominante que suponen la continuación de la guerra por otros medios, y en el segundo coloquio supuso la consolidación de dicha articulación, esta última edición cristaliza el paso de articular los análisis y voluntades a organizar personas, estructuras e instrumentos para hacer frente a la guerra cognitiva a nivel global. De las “palabras” a los hechos, porque las ideas, sin organización, no tienen vida. Hoy, en el contexto mundial de guerras híbridas, esto supone, como apuntaba Marx, pasar del idealismo al materialismo, transitar de las armas de la lógica a la lógica de las armas, de organizar los instrumentos necesarios para enfrentar la guerra al imperialismo cognitivo.

Durante el encuentro de las delegaciones internacionales con el Presidente de Cuba, Díaz Canel realizó el llamado a que el Coloquio Internacional Patria diera un paso de la realización de un evento anual al establecimiento de una coordinación estable que se encargue de dar cuerpo y desarrollar los acuerdos alcanzados, así como la tarea de dotar de estructura sostenida y permanente que permita hacer frente al avance de las derechas y las derechas extremas en el mundo. Como dijera la directora general del Coloquio en 2022, Rosa Miriam Elizalde, los pueblos aprenden a defenderse luchando.

Como apuntaba el Presidente de Casa de las Américas, Abel Prieto, en su conferencia inaugural, hoy nos preparamos para “otro asalto a la razón”, no guiados por Schelling ni por ningún filósofo irracionalista, sino por una industria del entretenimiento que fomenta en los receptores una adicción invencible por los estereotipos y las fábulas triviales, por el impacto abrumador de las redes digitales, por la fragmentación de los mensajes, por la invasión arrolladora de la cultura basura.

El informe McBride, bajo el lema “un solo mundo, voces múltiples”, convocaba a la construcción colectiva de nuevas herramientas que nos permitieran hacer frente a los problemas y conflictos de nuestro presente, por la paz y el desarrollo de los pueblos. Lo que dicho informe avanzaba hace casi medio siglo hoy es una realidad patente: que el desarrollo científico y tecnológico no puede ser comprendido al margen de sus condiciones de producción e implantación, y que las premisas hegemónicas que orientan la investigación científica y la innovación tecnológica ya no solo se apropian del trabajo y de los seres humanos como una mercancía en sí misma, sino que se expanden apropiándose de todos los espacios de la vida más allá del trabajo, como el ocio y el entretenimiento, y perfeccionando los sistemas de dominación de forma nunca antes vista. Las derechas y sus nuevas articulaciones extremas avanzan implantando los esquemas ideológicos del individualismo, homogeneizando la diversidad cultural, aplastando las identidades históricas y quebrando la solidaridad entre los pueblos y las personas con el objetivo estratégico de someter la soberanía política, económica y social de nuestros estados y naciones.

En su declaración final, los participantes en Patria anunciaban la firme convicción de que la práctica y la articulación política de nuestro presente atraviesan un proceso de rápida y acelerada transformación que nos obliga a adaptar nuestras concepciones y dotarnos de nuestras propias herramientas para hacer de nuestra práctica política un instrumento eficaz para la construcción de un mundo más justo. Asimismo, la declaración recogía que “Los incipientes desarrollos en las tecnologías de las inteligencias artificiales permiten, a través de sistemas automatizados de aprendizaje, producir formas de conocimiento inéditas en la historia de la humanidad, pero también se pueden convertir en peligrosos instrumentos que transforman drásticamente la percepción e intervención sobre la construcción del mundo nuevo que queremos.

Desde las tradiciones políticas populares y de izquierda, nos proponemos incorporar análisis y estrategias que permitan hacer frente a este momento histórico. Una de las condiciones necesarias para avanzar en este camino es abandonar una mirada instrumental de las tecnologías, para pasar a concebirlas como parte del espacio político mismo, disruptivas, pero pobladas de posibilidades emancipatorias.”

Por último, el 3er Coloquio Internacional Patria asumió como tareas ineludibles:

  • Impulsar un espacio permanente de articulación, formación, desarrollo de tecnologías y comunicación compartidas, que nos dote de herramientas adecuadas para frenar el avance de las nuevas derechas en Nuestra América y en el mundo.
  • Enfrentar el papel subordinado en la división global del trabajo controlada por las grandes tecnológicas. Nos manifestamos contra la extracción y uso ilegal de datos de nuestros pueblos y su concentración en oligopolios digitales. Frente a la privatización: soberanía tecnológica bajo control público y al servicio de los pueblos.
  • Denunciar el uso y desarrollo de tecnologías aplicadas a la guerra cognitiva, que no son otra cosa que la continuación de la guerra de siempre por otros medios: herramientas de la inteligencia artificial, ciencias cognitivas, guerra cibernética y neuroarmas.
  • Continuar la lucha por la liberación incondicional e inmediata de Julian Assange y de Pablo González, encarcelados en Europa por haber ejercido con rigor el deber de informar.
  • Condenar firmemente el genocidio del pueblo palestino, cuya potencia ocupante, la entidad sionista, utiliza las técnicas más avanzadas de las nuevas tecnologías para maximizar el exterminio y justificar comunicativamente su política criminal permanente.
  • Reafirmar nuestro compromiso con la denuncia del bloqueo estadounidense contra Cuba que hackea la soberanía tecnológica e impide desarrollar plenamente las capacidades económicas, productivas y creativas del país. Un bloqueo que intenta condenar al sufrimiento a todo un pueblo y es una vergüenza para la humanidad.

Con la presencia de más de 200 participantes de 31 países, que representan a cuatro continentes del mundo, Patria hace suyas las palabras del Héroe Nacional de Cuba, José Martí: Patria es Humanidad, y nos organizamos no ya para defendernos, sino para pasar a la ofensiva: de las armas de la lógica a la lógica de las armas.


Este artículo ha sido publicado también por los y las compañeras de Cubainformación y Cubadebate

lunes, 29 de enero de 2024

2024 el desafio del viaje de un país hacia su sueño





El Gobierno de Cuba enfrenta varios retos y desafíos para el año 2024, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Uno de los retos más importantes es el impacto del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos desde hace más de seis décadas. Este bloqueo ha limitado el acceso de Cuba a mercados, tecnologías, inversiones y créditos, afectando su desarrollo y bienestar. Además, el bloqueo ha sido reforzado por la administración de Donald Trump, que aplicó más de 240 medidas coercitivas contra la isla, incluyendo la activación del Título III de la Ley Helms-Burton, que permite demandar a empresas extranjeras que operen en propiedades nacionalizadas por la Revolución Cubana.

Ante esta situación, el Gobierno de Cuba ha buscado diversificar sus relaciones económicas y comerciales con otros países y regiones, como China, Rusia, la Unión Europea, América Latina y el Caribe. Asimismo, ha impulsado la actualización de su modelo económico y social, basado en los principios de soberanía, justicia social y solidaridad. La implementación de las reformas económicas y sociales anunciadas para 2024 por el presidente Miguel Díaz-Canel buscan aumentar la productividad, la eficiencia y la diversificación de la economía cubana - , que se ha visto afectada por la crisis sanitaria mundial, el endurecimiento del bloqueo estadounidense, la caída del turismo y la escalada bélica internacional – así como la inserción efectiva de las formas de gestión económica no estatal en la economía nacional y su integración en la empresa estatal, prestando especial atención a aquellas áreas que aporten soluciones al desarrollo económico y social nacional. Son reformas que se enmarcan en los principios del socialismo y la soberanía nacional y que representan un paso importante en el proceso de actualización del modelo económico y social cubano, que se inició en 2011 con los Lineamientos aprobados por el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba y que tienen como desafío hacer frente a la tendencia inflacionista de los mercados internacionales pero que afectan en lo inmediato a las condiciones de vida de la población.

Entre las medidas más destacadas, se encuentran:
  • La limitación del enfoque ”igualitarista” del sistema de ayudas sociales por un sistema de protección social más “igualitario” más focalizado y eficiente que evite el destino de recursos menguantes hacia colectivos menos necesitados y permita redirigirlos a colectectivos y grupos sociales más afectados por la crisis económica – nacional e internacional -. O dicho de otro modo: de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades. De esta forma se busca estimular el trabajo socialmente productivo, reducir el gasto público y el déficit fiscal, y mejorar y profundizar en la redistribución de la riqueza.
  • La ampliación del sector no estatal, que incluye a los trabajadores por cuenta propia, las cooperativas no agropecuarias, las pequeñas y medianas empresas por cuenta autónoma así como las formas de gestión mixta. El Gobierno impulsa así la incorporación efectiva de los sectores económicos no estatales en las estrategias de desarrollo económico del país, donde la empresa estatal socialista tiene aún mucho que hacer para ocupar en el lugar que le corresponde como acto fundamental de la economía cubana. El impulso a la pequeña y mediana empresa de iniciativa pública es concebida como una forma de gestión y producción de la estructura económica y social del Estado, como una forma de gestión estatal que también es socialista y que persigue diversificar las fuentes de empleo e ingresos, incentivar la iniciativa cooperativista y popular y la innovación, y aumentar la oferta de bienes y servicios para el conjunto de la población.
  • La descentralización de la gestión económica, que implica otorgar mayor autonomía a las empresas estatales, las cooperativas agropecuarias y las entidades locales. Esta medida busca mejorar la eficiencia y la competitividad de las unidades productivas, fomentar la participación democrática y el desarrollo local, y facilitar la articulación entre los diferentes actores económicos.
Estos retos y desafíos requieren de una respuesta integral y coherente por parte del Gobierno de Cuba, que tenga en cuenta las necesidades y demandas de la población pero que también cuente con la participación y vertebración de los diferentes agentes económicos y sociales de país, junto a las organizaciones políticas y sindicales en un permanente diálogo con el conjunto de los sectores de la sociedad cubana para hacer frente a esta época de incertidumbre sin fecha de caducidad. Para ello el Gobierno de Cuba cuenta con el apoyo y la confianza – refrendada en las urnas hace menos de un año - de la población cubana, así como con la solidaridad y la cooperación de otros países y organizaciones internacionales para impulsar el desarrollo sostenible e inclusivo del país, el aprovechamiento de sus potencialidades y recursos, y consolidar el compromiso histórico de una nueva generación al frente del país con los principios de la Revolución Cubana, que han guiado el proceso de construcción del socialismo en Cuba durante 65 años.

Sin embargo, el Gobierno de Cuba también enfrenta amenazas a su seguridad y estabilidad por parte de los sectores más hostiles y reaccionarios que buscan desestabilizar el orden constitucional e imponer un cambio teledirigido en la forma de organización política y social de la que Cuba se ha dotado. Estos sectores cuentan con el apoyo financiero y mediático de Estados Unidos y sus aliados, que han impulsado campañas de desinformación y manipulación con el auxilio de las plataformas digitales, redes sociales, y el uso de tecnologías de big data y las incipientes “inteligencias artificiales”. Estas campañas han intentado generar una matriz de opinión negativa sobre Cuba, presentándola como un país violador de los derechos humanos, aislado e inviable. Frente a estas agresiones, el Gobierno de Cuba ha reafirmado su voluntad de diálogo respetuoso y constructivo con todos los actores internacionales que reconozcan su soberanía e independencia y al mismo tiempo, ha denunciado las acciones injerencistas e ilegales que pretenden socavar su legitimidad y su proyecto socialista, que cuenta con el apoyo mayoritario de la comunidad internacional, que cada año respalda en la Asamblea General de las Naciones Unidas la resolución que exige el fin del bloqueo y la política injerencista estadounidense contra Cuba.

Cuba tiene ante sí un escenario internacional complejo y desafiante – la conomía global va camino a su peor desempeño en tres décadas - pero también lleno de oportunidades para fortalecer sus vínculos con el mundo y avanzar en su desarrollo económico, social y sostenible. Para ello, cuenta con sus propias fortalezas y capacidades demostradas por el proyecto revolucionario, con el respaldo popular y con la solidaridad de los pueblos hermanos, pero sobre todo, cuenta con la convicción de que pese al genocida bloqueo, la guerra subversiva y el terrorismo que el pueblo de Cuba ha enfrentado, continuará con el empeño de continuar construyendo un modelo de sociedad socialista sostenible, de igualdad de derechos y justicia social, como la que soñaron los heroicos combatientes que acompañaron a Fidel Castro en la Caravana de la Victoria, el viaje de un país hacia su sueño.

domingo, 21 de enero de 2024

Lenin, o la fecundidad de las Ideas


Texto, ligeramente ampliado, del discurso sustentado en el Homenaje Lenin de la Universidad Nacional Autónoma, el 4 de junio de 1970 por Wenceslao Roces.

La gran figura de Lenin trae ante nosotros, en este homenaje universitario, el apasionante problema de la fecundidad de las ideas. Lo que fuera primero sueño y luego idea se convierte con él en pujante realidad. La vida, matriz fecundadora de la teoría: ese es el laboratorio de Lenin. El mismo nos lo dice al final de su obra sobre el Estado: "Vale más vivir la experiencia de la revolución que escribir acerca de ella".

El relato especulativo de los pensadores, que los iluministas expresaban en el verso de Horacio: Sapere aude!, ¡Atrévete a saber!, se trueca ahora en el reto revolucionario de los realizadores: ¡Atrévete a transformar el mundo!

La historia está llena de grandes pensadores, cuyo tesoro de ideas debe la Universidad entregar íntegro a la juventud. Ninguno de ellos, de un modo o de otro, es ajeno al pensamiento de Lenin o de Marx. Y no es empequeñecer a ninguno, sino, por el contrario, enaltecerlos y valorarlos a todos, afirmar que, con estos dos, como remate de la larga trayectoria anterior, el río milenario de la cultura, de la filosofía, de las ideas y de la conciencia del hombre, el río del auténtico humanismo, desemboca en el mar de las realizaciones.

El marxismo -nos dice Lenin, en palabras harto conocidas- no se desliza por sendas tortuosas, como un conspirador: avanza hacia sus metas por la ancha calzada de la gran cultura, de la civilización, alimentado por las corrientes más limpias del progreso cultural. No puede rendirse a la teoría tributo más grandioso de amor que el de la procreación. Nada tengo contra las ideas puras, contra la abstracción. Pero, en política, como en la carne, la pureza impoluta, ascética, platónica, es la esterilidad. El agua químicamente pura, decía Unamuno, no es potable. La que Lenin hizo desbordarse a torrentes sí es el agua que apaga la sed de la humanidad. No sólo su sed bíblica de justicia: su sed ardiente de vida, de trabajo, de cultura y de bienestar.

La teoría desciende de los altares de la virgen Parthenos para hacerse madre, alumbrando un mundo. Una teoría que llevaba ya en su entraña, como expresión certera de ellas, las fuerzas vitales de la realización. Una teoría que era la emanación ideológica, la ideología misma de esas fuerzas, convertida en luz.

Exégetas de Marx había habido muchos. Brillantes algunos, y a veces ortodoxamente apegados al contexto de su doctrina, magníficos expositores de ella, como Plejánov, por ejemplo. Otros, v. gr. Kautsky, no tanto. Y, no pocos, cuyos nombres huelga citar, apegarlos en apariencia a su letra, para matar con ella y en nombre de ella el espíritu revolucionario. Sólo Lenin hizo realidad este espíritu, en las condiciones más adversas y en un país del que nadie pensaba que pudiera ser la cuna del mundo nuevo.

No debemos, sin embargo, hacer a Rusia el país en que Lenin surgió, ni a la verdad histórica, el agravio de considerarlo como el bochorno de la Europa de aquel, tiempo, el enclave en ella de la consabida "barbarie asiática" (esa "barbarie" que está dando al mundo, hoy, un alto ejemplo de entereza humana). Aquella Rusia ("cárcel de pueblos", la llamaba Lenin era, ciertamente, un escarnio por el anacronismo de su gobierno y por el atraso de su régimen semifeudal. Pero no por las grandes tradiciones culturales de su pueblo, con las que Lenin entroncó. Ni por sus heroicas tradiciones revolucionarias, de las que Lenin fue legítimo continuador. ¿Cómo, si no, hubiera podido fructificar precisamente allí una simiente filosófica arrojada sobre sus campos por la floración cultural de Europa y de sus grandes luchas? No olvidemos que Rusia fue el primer país en que se tradujo El Capital. Si nos empeñásemos, como los hagiógrafos de la partenogénesis, en creer que Lenin surgió de la nada, que fue el ángel de la luz debatiéndose en un mundo de tinieblas, haríamos poco honor a la historia y a su propia personalidad.

Ahí tenemos -permitidme el desahogo- el caso de España; mi patria, hoy. También para nosotros, los españoles, y no sólo para nosotros, constituye una afrenta ver a nuestro país, en la actual coyuntura histórica, secuestrado por un gobierno que, para no atropellar al decoro académico con calificativos demasiado crudos, diré simplemente que es la negación de la libertad y la dignidad humana. Pero, nadie entre vosotros -estoy seguro de ello- nos hará el agravio de pensar que esa sea la imagen del pueblo español. Los tiranos pasan y los pueblos quedan. Nadie, ante este eclipse circunstancial -ya demasiado largo- de nuestra historia, puede olvidar o que el nuestro ha sido realmente y es. Ni desmayar en la esperanza, en la certeza, de que un día recobrará su verdadero ser. "El franquismo muere; España vive": ese es hoy, dentro de la patria, el grito le los españoles.

LENIN Y EL IMPERIALISMO

LENIN, el gran realizador, era -todos los reconocen y no sería fácil negarlo- un genial político práctico. Pero era también algo más, mucho más. Fue y pudo ser eso porque era, al mismo tiempo, un creador, un pensador excepcional, un formidable teórico de la evolución y de la sociedad. Lenin realizaba, porque concebía. La unidad de teoría y práctica, nervio de toda su obra revolucionaria, tenía en él su más alta personificación.

Pondré un solo ejemplo: Su aportación creadora más importante a las luchas de hoy, la más viva y actual, es sin duda la teoría del imperialismo. Todos la conocéis. Lenin revela aquí su talla de pensador revolucionario. Y ésta adquiere a nuestros ojos su grandiosa dimensión cuando cotejamos su teoría con otras, muy atractivas alunas, surgidas en el campo del marxismo bajo el impacto de los mis-os fenómenos: la del "superimperialismo" de Kautsky; da del "capital financiero" de Hilferding; la de Rosa Luxemburgo, basada en su interpretación de la acumulación del capital.

Caeríamos en lo superficial si viésemos en esto simplemente el fruto del "genio político" de Lenin, de su "sagacidad escrutadora", le su "visión realista", etc. Se trata de algo más importante: de una) atente superioridad teórica, de lo que es la esencia misma del leninismo: de la concepción profunda, dialéctica, que lleva a Lenin, siempre, a conjugar la teoría económica y los principios filosóficos con la acción política revolucionaria.

"No hay en toda la vida de Lenin -nos dice Lukács- una sola decisión revolucionaria que no sea el resultado riguroso, objetivo y lógico, de sus criterios teóricos". Es verdad. Analizar escrupulosamente una situación concreta, para hacerla cambiar: esa es su máxima fundamental como investigador, hermanado siempre en él al hombre de acción.

Nunca brilló tan alto su genio de estratega revolucionario, enraizado en la teoría, ni con resultados tan fecundos para la historia le la humanidad, corno en las vísperas del 7 de noviembre, cuando, después de sopesar rigurosamente todos los elementos de la situación y ante el estupor de algunos, muy cercanos a él, lanzó intrépidamente la consigna que haría cambiar el mundo: "¡Ahora o nunca!"

Es da práctica, son las fuerzas forjadas por ella, las que deciden, claro está. Pero por caminos que la teoría ilumina, demostrando en la práctica su verdad. La categoría leninista del imperialismo, basada en notas específicas que suministra la misma realidad, es una categoría científica. Pero, una vez obtenida, traza los derroteros para la acción. No es una profecía, sino un plan de batalla. Al definir el imperialismo como el capitalismo agonizante, a cuyos pies se abre el abismo, Lenin no formula un juicio fatalista. Ningún juicio marxista lo es. Cuando un marxista cabal afirma que un régimen está condenado a morir, no emite una profecía o profiere una maldición. Dice, para citar esta expresión de Marx, que "el verdugo llama a su puerta"; en otras palabras, que das fuerzas destinadas a derribarlo se yerguen ante él. Convoca a esas fuerzas y las llama al combate. En su vertiente operativa, dinámica -es decir, en la vertiente de las luchas de los pueblos-, la época del imperialismo es, para Lenin, la historia do ha confirmado irrefutablemente, la época de las revoluciones proletarias, el umbral del socialismo.

La dialéctica marxista de la historia, que Lenin aplicó como ninguno, no es la dialéctica hegeliana de la idea absoluta, providencial, proyectada desde lo alto y que reduce al hombre a ente contemplativo. Es la dialéctica activa, revolucionaria, nacida de la propia realidad, en da que dos Hombres son dos protagonistas de su historia.

Que el imperialismo, si no se le ataja, si no se lucha contra él, es la puerta abierta a la hecatombe, lo ilustra con pavorosa fuerza la realidad de hoy, en la que no hay para qué detenerse aquí, pues está presente con trazos de fuego ante los ojos atónitos del mundo. Y yo creo que es honroso y enaltecedor para la Universidad, en el mundo actuad, el que sea da juventud de sus aulas la que se erige, con gran sensibilidad y admirable arrojo, en exponente de esta conciencia universal. Tributar desde aquí homenaje,, de admiración a esa juventud, no puede ser ajeno al homenaje a Lenin, en la noche de hoy. El que, a su manera y en su lenguaje irracional, le tributan dos custodios del "orden" de las balas, ya lo habéis visto: el mismo de Fernando VII, de Franco y de la gorilocracia: el cierre en masa de Universidades. Un tributo involuntario, pero inequívoco, a la misión que éstas cumplen al servicio de la vida y del futuro.

DOS GRANDES PROBLEMAS

Muchos problemas podrían apuntarse aquí, para abocetar la imagen de Lenin en relación con la cultura, la ciencia, la intelectualidad.

Habría que hablar de su esforzada lucha por salvar, en medio de la tormenta, las tradiciones culturales vivas y fecundas, la herencia cultural de la humanidad, rescatada por la revolución, sin la que no es posible edificar el futuro. De su lucha ejemplar contra la monstruosa aberración del "Proletcult", una "cultura proletaria" muy mal entendida, que propugnaba la ruptura total con la cultura del pasado, la buena y la mala. Había -todavía los hay, en otras latitudes- quienes, confundiendo el marxismo con el anarquismo, como los destructores de máquinas del naciente movimiento obrero, pero ahora en el campo de la intelectualidad -pues nadie puede llevar los desvaríos anarquistas a extremos tan delirantes como el intelectual, cuando se lanza por esos vericuetos--; había, digo, quienes en la vorágine del octubre ruso, predicando un mañana sin ayer, pretendían arrasar con todo y postulaban una cultura y un arte radicalmente nuevos, como si el proletariado, al triunfar como legitimo heredero de las mejores tradiciones culturales de da historia, tuviera que volver, en una enésima recaída en la utopía de la "Edad de Oro", a los balbuceos de la infancia. Afortunadamente, estaban allí la autoridad revolucionaria de Lenin y su clara concepción de la auténtica cultura proletaria, para impedir que semejantes desvaríos prosperasen.

Habría que plantear el gran problema, que, abriendo incalculables perspectivas ante el mundo de hoy, representan la nueva ciencia y la nueva tecnología, al revolucionar la industrial con un nuevo y gigantesco potencial productivo. La aparición de una nueva capa de trabajadores científicos, llamada probablemente, con el tiempo, a desplazar o transformar al obrero manual mediante los procesos de la automatización, centrando sobre nuevas bases, en la sociedad capitalista del imperialismo, si antes no desaparece, el fenómeno de la explotación y la teoría cardinal de la plusvalía. Problema del presente y del inmediato futuro, elite, con asombrosa perspicacia y gran rigor crítico, vislumbró y apunta Marx en sus "Grundrisse" Llegará un día -leemos aquí, en reflexiones registradas ya a mediados del silo pasado- en que "el desarrollo de da ciencia logre que la creación de da riqueza material dependa menos de la cantidad de trabajo empleado que de la potencialidad de los agentes objetivos puestos en marcha" por la nueva tecnología.

De muchas cosas más habría que hablar. Pero el tiempo está limitado. Quisiera, sin embargo, brevemente, tocar dos puntos que considero de gran interés. Se refieren ambos al pensamiento filosófico de Lenin, el tema que en esta vedada se me ha asignado.

LA FILOSOFÍA DE LENIN

La filosofía de Lenin era, como sabemos, el marxismo. Pero, ¿por qué precisamente ésta? No fue adoptada al azar, sino porque la lucha demostró que era el camino para marchar por él hacia la solución de los problemas planteados por da realidad.

"Los revolucionarios rusos -escribe Lenin- han hecho suyo el marxismo literalmente a fuerza de sufrimiento y dolor, en la terrible escuela de las penalidades y los sacrificios, en la búsqueda de un camino certero para salir de un infierno de tormentos hacia la luz y la libertad".

Detrás de estas líneas palpita seguramente la emoción contenida ante el recuerdo de su propio hermano, ejecutado por el zarismo; ante los miles de mártires caídos en los caminos, heroicos pero falsos, de lucha por las libertades de Rusia.

El marxismo, pero, ¿cuál marxismo? Tanto se usa y abusa de este enunciado, que conviene esclarecerlo un poco.

El marxismo es una filosofía medularmente crítica. No se cocina en su propio jugo. Nace y se nutre del conocimiento, de la crítica, rigurosamente documentada, de da vieja sociedad y de las ideas que la expresan. "Es la inteligencia y la explicación de lo que existe -nos enseña Marx- da que entraña a la par la inteligencia de su negación".La negación, para ser dialéctica, viva, tiene que serlo de algo, de una realidad existente. Y no una "negación" pura y simple, caprichosa, sino grávida de la afirmación de otra realidad superior.

El marxista que se alimente a dieta de marxismo, sin ser capaz de digerir los problemas de la realidad, encerrado en su templo como un lama, enhebrando tesis como una letanía e ignorando desdeñosamente cuanto se salga de ellas -repudiando, por ejemplo, ad joven Marx, al Marx premarxista, por no estar en da línea: hasta eso se ha llegado- es una triste caricatura catequística, escolástica, del marxismo, que debe ser, por esencia, vida, creación, audacia y personalidad, visión histórica, apego a las realidades vivas de la hora y rigor crítico. Refiriéndose a esa laya de marxistas de acarreo, dijo una vez Marx, sarcásticamente, que él no era "marxista".

Engels escribió estas palabras, todavía actuales: -El apelativo de marxista les sirve a muchos de cómoda etiqueta para clasificar, sin quebraderos de cabeza, todo lo habido y por haber: se pega ese marbete, y asunto concluido". Esos marxistas de marbete jamás podrán comprender la severa advertencia de Lenin: "Si convirtiéramos el marxismo en un dogma, mataríamos su alma viviente; socavaríamos su base teórica medular; romperíamos los nexos con los problemas prácticos de cada época, que cambian en cada viraje de la historia".

Quien crea que el marxismo de ayer, en bloque, estereotipado, sirve para medir y afrontar los problemas de hoy, para pertrechar a las fuerzas que luchan hoy, es un marxista petrificado. Ese marxismo ni sirvió a Lenin, el más fiel y auténtico de los marxistas, ni nos sirve a nosotros. El marxismo que Lenin nos enseña, el que él practicó, con el que triunfó, es un marxismo, fiel sí a los grandes principios de su filosofía, pero atento a las nuevas realidades, entroncado con el ímpetu y la personalidad de todos los pueblos en lucha e impregnado del espíritu combativo de la juventud.

Esta filosofía es un potencial energético para crear; no un manual de administración de empresas para regentar, como los "juniors", el patrimonio heredado.

El marxismo es, sencillamente, una herramienta para trabajar y un arma para luchar. Cada cual en su trinchera o en su taller. Para nosotros, intelectuales, hombres de ideas, debe ser, si se lo adopta, un método para la intelección, para la ideación, para la crítica, para pensar, para discurrir, para estudiar. Puede que esto resulte incómodo para algunos, para los que aborrecen " la funesta manía de pensar", pero así es. Tampoco el marxismo hace el milagro de convertir en ideas propias las palabras ajenas. No hay en él esas fórmulas mágicas, incantatorias, que -envueltas en palabrería pseudocientífica-, le revelan a uno del deber de pensar por cuenta propia.

El marxismo es -lo mismo en los libros que en la vida, pues esta filosofía no admite, como otras, la contabilidad por partida doble- polémica, lucha. En política, lucha de clases y partidos: en la ciencia -inseparables, por supuesto, una de otra-, debate crítico de ideas y teorías.

Marx y Engels esclarecieron su teoría debatiéndose con las corrientes, positivas y negativas, del caudal teórico de su tiempo y del pasado: los Presocráticos, Platón y Aristóteles; Hegel, Feuerbach, Bruno Bauer y consortes; Adam Smith, Ricardo, Malthus; Max Sfilner, Proudhon, Bakunin, Lasalle y tantos más. Lenin hizo otro tanto con los de la Rusia y la Europa de sus días y sus antecesores: los demócratas revolucionarios, los populistas, los economicistas, los revisionistas y los oportunistas, los "marxistas legales", anticipo de los "marxólogos" de hoy. Luchando incansablemente, con las armas de la crítica, contra los enemigos ideológicos y los falsos amigos, a veces no menos peligrosos. Recogiendo afanosamente, críticamente, todo lo valioso del pensamiento anterior. Sin descender jamás de la plataforma severa de la ciencia. Enorgulleciéndose siempre del rango científico de su doctrina, frente al utopismo y el arbitrismo, la chapucería, el dogmatismo y la beatería de la congregación.

Así, pues, jóvenes amigos, estudiantes: estudiar y luchar. Para que la ciencia, como quería el autor del "Fausto", el drama del intelectual, inyecte su vigorosa savia al árbol frondoso de la vida, que es la lucha.

Conocer la historia del mundo. Estudiar profundamente, ahincadamente, la historia y la situación de México, sus realidades y posibilidades, sus luces y sus sombras, la vida y las batallas de su pueblo y sus perspectivas de desarrollo. Con gran aliento, pero con la rigurosa objetividad leninista; sin confundir los deseos con la realidad. Sin caer ni en el abatimiento ni en el desvarío. Lenin lo decía muy gráficamente: ni el gallo cacareando en lo alto de la torre ni el gato agazapado debajo de la cama.

Sólo los ignorantes o los necios pueden sostener que el marxismo niega la nacionalidad. "La patria, el medio político, social y cultural en que se vive -nos dice Lenin- es el factor más poderoso de la lucha de clases". Pero el sentimiento nacional debe conjugarse siempre con las luchas universales de los pueblos, cada día más hermanados en la acción común por objetivos comunes. Nadie, en la Universidad, que debe ser universalidad, humanismo y humanidad, puede dejarse engañar por la cantinela aldeana de las que llaman "ideas exóticas". Las ideas no están sujetas a ley de inmigración, sino a la instancia universal de la razón y la verdad. Los aranceles --como dijo Enrique Heine al aduanero-, no rigen para lo que se alberga en las cabezas de los hombres. Y mirando siempre con fe al mañana: tenía razón nuestro gran Antonio Machado: " un pueblo es siempre una empresa futura".

Estudiarlo todo, para poderlo asimilar o desechar, empezando por conocerlo. Para ejercer, cuando sea necesario, el irrenunciable derecho universitario y humano de la discrepancia, basada en el discernimiento. Estudiar marxismo, pero también premarxismo, panamarxismo y hasta antimarxismo. Con los ojos bien abiertos. Y si, en el debate libre y en la brega de das ideas, es el primero, por sus quilates científicos, el que prevale, a trabajar por él y con él. Pero, como ciudadanos, y no como súbditos.

Este era el primer punto que me proponía abordar. El segundo se refiere a los problemas de la libertad y la verdad en el leninismo.

VERDAD Y LIBERTAD

Es natural que, para nosotros, que hemos consagrado a ello nuestras vidas, desde la cátedra, sean fundamentales los conceptos de la verdad y la libertad. Por ellas luchamos. Hacia esas metas creemos que debe orientarse la Universidad, como conciencia de la sociedad y formadora de hombres. Verdad y libertad marchan unidas. "La verdad os hará libres", decía San Juan, el evangelista. Pero no - como lo entendía el Evangelio, luego Fichte, al recoger la frase - de un modo inmanente, por su propia virtud, sino como derrotero de las fuerzas que luchan por la libertad.

Importa, pues, mucho saber qué nos enseñan Lenin y el marxismo, qué nos dicen todos los grandes pensadores, acerca, de estos dos postulados permanentes.

      Entre dos grandes batallas - la del 5 y la del 17- se sentó Lenin, en la emigración, a escribir un libro de filosofía. Recuerda uno, muy de lejos, a Marco Aurelio, registrando sus meditaciones filosóficas junto a las murallas de la sitiada Vindobonna. Pero, ¡cuán diferente! Dos hombres, dos mundos, dos filosofías. Frente al emperador, atormentado, que refleja en su introspección la crisis del imperio romano agonizante, el campeón de los trabajadores, seguro del mañana, forjando, en un mundo nuevo, las armas espirituales para el proletariado victorioso.

En "Materialismo y empiriocriticismo", la obra a que me refiero, Lenin afirma vigorosamente su personalidad como filósofo. Defiende con ímpetu militante la teoría del conocimiento del marxismo: conocer la realidad del mundo, para transformarlo. Apenas nadie se acordaría hoy de los nombres de Mach y Avenarius, adalides del "empiriocriticismo" a la sazón en boga, si Lenin no los hubiera salvado para la posteridad. Pero, en su día, bajo el signo de la depresión, hija de la derrota, aquellas doctrinas, abriendo la puerta al misticismo, amenazaban con enturbiar la lúcida conciencia de quienes necesitaban ver claro. La batalla filosófica era, en aquella coyuntura, una batalla revolucionaria. Por eso Lenin arremetió contra aquellos oscuros, pero peligrosos profesores, como en su tiempo hicieran Marx y Engels contra Dúhring, otro nombre cancelado. En este libro, ocupan preeminente lugar los problemas de la verdad y la libertad.

En esto como en todo, la posición de Lenin es la de la fecundidad de las ideas. La del pensador revolucionario para quien el pensamiento, hecho acción, es el camino que va de la realidad hacia otra más alta. El camino de la realización. Lo que él busca y afirma es la libertad, no sólo comprendida, sino realizada. No la libertad que va hacia el morir, como los ríos de Jorge Manrique. Ni da de Kirílov, el personaje de "Los Endemoniados", de Dostoyevski - dramático símbolo del intelectual marginado en la lucha - que se suicida para afirmar, en radical autocrítica, la absoluta y estéril libertad de su persona. Los caminos de la historia están sembrados de cadáveres de libertades asesinadas o suicidadas. El historiador se siente ya harto de reseñar heroísmos fracasados, en esa "hazaña de la libertad" de que nos habla Benedetto Croce. Ahora, las fuerzas forjadoras de la historia han sentado las bases para que pueda escribirse, y sobre todo hacerse, la historia de da libertad victoriosa. Y la libertad, no sólo para unos cuantos, para los lobos, sino para todos, para los hombres. Comenzando por los que, en la conquista de la suya, hacen posible la de los demás. La libertad, desentrañada, de la realidad objetiva. La que Engels, en diamantina frase Hegeliana, definiera corno " la conciencia de da necesidad": la necesidad comprendida y dominada. La libertad que, por fin, tiene a su servicio la fuerza, en vez de verse atropellada por ella. La libertad para romper todas las cadenas e instaurar un mundo sin explotación: así concebía Lenin la libertad.

Por eso y en función de eso, tenía que ser la verdad, para él, consecuentemente, como lo era, la verdad objetiva, contenida en los hechos y en las huchas, en la realidad y en las fuerzas que la impulsan. La verdad activa y dinámica, no la verdad contemplativa. No la verdad eterna y absoluta, que es la verdad quimérica de los dioses, sino la verdad real de los Hombres. La verdad de la historia, y no la del taumaturgo. La verdad, fuerza creadora y fecundadora. Lenin jamás se preguntó, como Poncio Pilato, qué es ni dónde está da verdad. Sabía muy bien lo que era y dónde estaba. La verdad, para él, es siempre revolucionaria y está donde esté la revolución: es el norte de das potencias llamadas por da historia a transformar el mundo.

Y, por tanto, operativamente, atributo de partido. Brújula del destacamento creado para infundir a esas fuerzas conciencia y seguridad, llevándolas a la meta. Una verdad destinada también a realizarse, y no solamente a proclamarse, como hasta ahora se venía haciendo, y no por cierto estérilmente - yo no do pienso así -, sino como progresión Hacia la nueva verdad. Es el leal y diáfano partidismo leninista de la verdad militante, frente a la farisaica o ilusoria imparcialidad de una verdad enfeudada a las potencias del dinero y la mentira.

Aquí, como en toda su obra y en su vida entera, es la unidad dialéctica, fecundadora, de teoría y práctica, de idea y acción, la que resuelve la aparente antinomia, insoluble para quienes se detienen, inermes, ante lo contemplativo, de una verdad objetiva que es, al mismo tiempo., y por serlo, una verdad de partido, que toma partido abiertamente por las fuerzas de da verdad.

Nadie como Lenin hizo realidad, con el alumbramiento de un mundo nuevo y un hombre nuevo, las palabras luminosas de Goethe, el gran cantor de la vida, a las que creo que la Universidad, en el terreno de las ideas y de la cátedra, tiene que hacer honor:

"Amar lo vivo; marchar hacia metas cada vez más altas; quitar de en medio cuanto estorbe en el camino de da humanidad".


miércoles, 20 de diciembre de 2023

¡Es la economía, estúpido¡ ¿Qué hacer?

 


No sé cuántos artículos de opinión y artículos en la prensa tradicional y digital habrán usado como rúbrica la expresión ¡es la economía, estúpido! acuñada por James Carville en la campaña a las presidenciales de EEUU de Bill Clinton con Bush Junior. Lo que sí sabemos sin duda alguna es que ha sido un componente consustancial de la guerra híbrida que EEUU tiene desatada contra. Y es por ello que no solo persisten, sino que se han intensificado en los últimos meses las guerras que buscan posicionar la matriz de que el proyecto socialista cubano no tiene perspectiva de futuro y busca desvirtuar, cuando no opacar el impacto que sobre la población tiene el bloqueo político, económico y cultural de EEEUU.

Durante más de seis décadas, la nación ha tenido que enfrentar obstáculos para su desarrollo debido a las restricciones impuestas por Estados Unidos. En este contexto, las sanciones y el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, catalogado como criminal por la comunidad internacional, desempeñan un papel que no solo se trata de un bloqueo económico, sino también de un bloqueo "psicológico" donde las sanciones económicas y comerciales son utilizadas como instrumento para generar y amplificar el descontento. Su objetivo principal es socavar las esperanzas y el futuro, y sembrar un descontento que conduzca a la subversión del modelo económico, político y social del país. Como señalara Gerardo Hernández, “la Revolución va a cumplir 65 años y no hemos tenido ni un solo día de paz. Mi generación, que dentro de poco va camino de los 60 no sabe lo que es vivir sin bloqueo”.

 

¿Qué hacer? En un contexto de crisis económica y recrudecimiento del bloqueo, y donde muchas de las medidas y acciones adoptadas por el país aún no han logrado su cometido,  qué se puede hacer con las condiciones realmente existentes del país marcaron los debates del PCC. Como decía Borges: “El futuro no es lo que nos va a pasar, sino lo que vamos a hacer”

Cuba enfrenta un panorama difícil debido a las acciones de bloqueo, al que se le suma la situación geopolítica actual que complica aún más el acceso a los recursos energéticos y bienes de consumo básicos para la población. Estos desafíos requieren de soluciones innovadoras y alianzas estratégicas entre los distintos sectores económicos nacionales e internacionales que permitan sortear las dificultades y garantizar el sistema productivo y las necesidades de la población. El aumento internacional de precios y las dificultades de abastecimiento están estrechamente ligados a la interrupción de los flujos de exportación de transporte de petróleo y gas provenientes de Ucrania y Rusia, y la voladura de gaseoductos que, unida al absurdo sistema de sanciones económicas impuestas sobre Rusia, saca del mercado internacional a uno de los mayores productores del mundo. Si este no fuera ya un caldo de cultivo perfecto, no hay conflicto bélico del cual no se alimente la especulación, una especulación ligada a capitales de inversión que analizan a largo plazo los réditos de una guerra sobre los precios del petróleo y el gas, con el objeto de afectar los precios internacionales, pero también de hacer caja con aquellos estados dispuestos a pagar a cualquier precio, lo que a su vez genera una nueva subida de precios.

 

Es por ello que Cuba ha realizado en estos días un especial énfasis en el aseguramiento de los principales actores económicos y en conseguir la incorporación efectiva de los sectores económicos no estatales en las estrategias de desarrollo económico del país, donde la empresa estatal socialista tiene aún mucho que hacer para ocupar en el lugar que le corresponde como acto fundamental de la economía cubana. En el marco nacional, es urgente que desde el gobierno se impulse la inserción efectiva de las formas de gestión económica no estatal en la economía nacional y su integración en la empresa estatal, prestando especial atención a aquellas áreas que aporten soluciones al desarrollo económico y social nacional. Un ejemplo, como apuntaba Alejandro Palmarola “si bien surgieron las pequeñas y medianas empresas públicas junto con las de iniciativa privada, es necesario  empezar a ver las mipymes estatales junto con la empresa estatal socialista. Es necesario que el impulso a la pequeña y mediana empresa de iniciativa pública sea concebida como una forma de gestión y producción de la estructura económica y social del Estado, o dicho de otro modo, como una forma de gestión estatal que también es socialista. En el ámbito nacional, ya se están implementando estructuras de desarrollo cooperativo en el ámbito de la generación y distribución energética, especialmente renovable, lo que contribuye a aumentar la eficiencia y la innovación del sector eléctrico cubano, así como a crear empleo y riqueza, pero que sin embargo no se ha logrado que tales experiencias se generalicen como una dinámica común en el conjunto del país.

A ello se suma la extrema necesidad de incorporar a los procesos económicos, productivos e industriales las tecnologías de la llamada cuarta revolución industrial, que como señalara el presidente del G77+China, Miguel Díaz Canel, sus frutos han estado hasta ahora fuera del alcance de una gran parte de la humanidad, consecuencia de un desarrollo y un sistema económico mundial injusto.

Y si las sanciones no fueran suficientes, el bloqueo a Cuba castiga y persigue a barcos, empresas, armadoras o a cualquiera que quiera transportar petróleo al país; pero es que también tiene limitado el acceso al mercado internacional, dado que, al momento de pagar por ese petróleo para su importación, Cuba no puede usar el dólar ni el mecanismo SWIFT. Por ello, como anunciara  la presidenta del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS (NBDB), la brasileña Dilma Rousseff, es necesario que en el marco financiero Cuba avance y profundice en el proceso de desdolarización de la economía mundial, que en lo local supone, en la práctica, la disminución de las presiones inflacionarias y que facilitan deterner el deterioro del poder adquisitivo de salarios y pensiones por una parte y, por la otra, sumarse junto al resto de países miembros del G77+China a la dinámica impulsada en la Cumbre de los Bric: Las monedas locales no son alternativas al dólar, sino alternativas a un sistema que hasta ahora ha sido unipolar y que será sustituido por un sistema más multipolar. La integración en el contexto de globalización actual, más que una opción, es una necesidad ineludible.

 

Cuba rubrica un 2023 con un decidido impulso a su agenda diplomática internacional, centrando sus esfuerzos en la construcción del diálogo y la cooperación entre naciones, que se suma a los viajes realizados a finales de 2022 a Rusia, China, Argelia y Turquía, y que han permitido a Cuba suscribir múltiples acuerdos internacionales y han sentado las bases para el fortalecimiento de la economía cubana de los próximos años, así como la consolidación de las relaciones internacionales y comerciales del país en el contexto post-pandemia. Por otra parte, más allá de su relevancia comercial y diplomática, ha resultado fundamental para impulsar relaciones anticoloniales y distanciarse de la subordinación a la agenda exterior de Estados Unidos.

 

Cuba ha demostrado históricamente una gran capacidad de resistencia y creatividad para enfrentar esta situación, pero no existen soluciones milagrosas. El gobierno cubano, que ha logrado insertarse en una reorganización económica internacional impulsada por su presidencia al frente del G77 y de los BRICS a pesar de la guerra múltiple a la que debe hacer frente cotidianamente, se enfrenta a la titánica tarea de detener el deterioro de las condiciones de vida de la población y lograr mejoras, aunque no sin tensiones y desigualdades.

 

La guerra cultural y las fakenews contra cuba forman parte de la continuación de la guerra por otros medios, una guerra cognitiva o de conocimiento que cada día busca más dar el salto de las redes a las calles, y de las calles a las instituciones públicas, es la ruta del odio, porque la del dinero que la sostiene es la misma de siempre, y tiene código postal. Estás estrategias de comunicación, que usan la cercanía, la construcción de relaciones de identidad - podría ser yo, o el vecino de puerta - son fruto de la "americanización" general de la política y que tiene como máximo exponente a Trump, y a la que solo es posible hacer frente articulando los medios legales necesarios para desarticular las campañas de intoxicación y desestabilación en el país, que suponen un peligro para la seguridad y la soberanía nacional.

 

La responsabilidad y la posibilidad de actuar para la construcción de un nuevo sistema mundial más justo y equitativo. "No es una opción; es la única alternativa", sentenciaba Canel.  La creación de un mundo multipolar tiene opositores irreconciliables, pero, como señalaba el presidente, "las huellas de los que caminaron juntos jamás podrán borrarse". 

Como decíamos hace unas semanas, 
el resto del camino, está por hacer.